Soledad. Lo que todos sienten alguna vez, y lo que ella sentía en este momento. Tan fuerte que de a ratos el dolor se convertía en dolor físico. Todo en su vida parecía converger en ese punto, en su habitación, en su almohada mil veces llorada, en esa carga creciente sobre su espalda.Hasta incluso en su nombre: María Soledad Laudano.
Mil desamores vivió, con la esperanza que en el horizonte aparezca su verdadero príncipe, que destrone el dolor de su corazón y se convierta rey de su mundo. Pero hasta el momento solo los príncipes habían desterrado para siempre toda ilusión de tener un alma que abrace a la suya.
Se creía una burla del destino, y hasta sacrificó todas sus neuronas en noches de insomnio, por cambiar lo imposible. Pero ella no sabía que el destino no hace acuerdos. Y que la burla es solo una cualidad humana, como también lo es amar con pasión, como ese príncipe en el horizonte tenía pensado amarla...